Una experiencia comienza mucho antes de que nos reunamos. Empieza con una idea y va tomando forma al elegir el lugar, conversar con quienes participarán en ella y pensar cómo queremos recibir a cada persona.
A veces esa idea nos lleva al movimiento; otras, a la belleza, a una mesa compartida o a un paisaje diferente. Lo que une las propuestas es la atención a los detalles y el deseo de crear encuentros en grupos reducidos, con tiempo para disfrutar de lo que sucede.
Cuando todo está dispuesto, la experiencia deja de pertenecernos por completo. Son las personas quienes le dan vida. Y, con frecuencia, un momento que no habíamos previsto es el que más recordamos.